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¿La regulación de XRP, Trump y los tribunales cambian el clima en EE. UU.?

Brad Garlinghouse relanza la regulación de XRP con una tesis clara: la campaña política anti-crypto en Estados Unidos habría perdido fuerza. El CEO de Ripple vincula este cambio de clima a tres factores concretos: las decisiones de los tribunales, el voto de los electores y la línea pro-crypto de Donald Trump.

Sus palabras llegan mientras en Washington el debate sobre los activos digitales sigue abierto, pero con un tono diferente respecto al pasado. Garlinghouse ha sostenido que lo que definió como el “Anti-Crypto Army” ha sido derrotado “por los tribunales, por los electores y por Trump”, encuadrando así la batalla de Ripple en un marco político más amplio.

No es solo retórica. Detrás de esta lectura hay una larga secuencia de enfrentamientos legales y regulatorios que ha convertido a XRP en uno de los símbolos más observados del sector.

Garlinghouse dice que el impulso anti-crypto ha perdido fuerza

Según Brad Garlinghouse, la presión política y regulatoria contra la industria de los activos digitales ya no tiene el mismo peso que antes. El directivo de Ripple atribuye el cambio a las sentencias de los tribunales, a los resultados electorales y a la postura favorable a las crypto expresada por Donald Trump.

La referencia llega después de un mensaje de Trump en el que el presidente escribió que Estados Unidos debería convertirse en la capital mundial de las crypto y que las leyes deberían proteger la estructura del mercado de los activos digitales de futuros cambios de rumbo políticos.

¿Por qué importa? Porque la regulación de XRP ya no se juega solo en las salas de los tribunales o en los procedimientos de la SEC. Cada vez más pasa también por la política estadounidense, por las prioridades del Congreso y por qué autoridad federal acabará teniendo la última palabra sobre los crypto assets.

En el frente opuesto sigue siendo fuerte la posición de la senadora Elizabeth Warren, que continúa pidiendo una supervisión más estricta sobre el sector. Su línea insiste en controles más severos para combatir el blanqueo de capitales, el ransomware y las finanzas ilícitas vinculadas a los activos digitales.

La demanda de la SEC contra Ripple sigue moldeando el caso XRP

El nudo central es conocido desde hace años. En 2020 la U.S. Securities and Exchange Commission demandó a Ripple, sosteniendo que las ventas de XRP constituían una oferta de valores no registrada.

Esa demanda ha marcado profundamente la regulación de Ripple a ojos del mercado. No solo por el impacto en la empresa, sino porque ha influido en la forma en que inversores y operadores han interpretado el estatus legal de XRP en Estados Unidos.

En 2023 llegó un giro importante: la jueza Analisa Torres estableció que las ventas de XRP en los mercados secundarios no eran transacciones de valores. Al mismo tiempo, la decisión señaló que algunas ventas institucionales de XRP violaban las leyes sobre valores.

Este paso es decisivo para entender cómo cambia la supervisión de XRP. La sentencia no cerró toda discusión, pero introdujo una distinción concreta entre distintos tipos de venta del token. Y es precisamente esta distinción la que sigue orientando el debate sobre cómo tratar a XRP bajo el derecho federal.

Garlinghouse ha utilizado ese resultado judicial como prueba de un cambio más profundo. Según el CEO de Ripple, la resistencia a la innovación financiera habría terminado defendiendo un sistema antiguo, sin construir reglas realmente aplicables a nuevas tecnologías y nuevos modelos de pago.

Trump, Warren y la nueva batalla sobre las reglas crypto

El otro frente decisivo es el político. Trump ha reivindicado haber cambiado el enfoque del gobierno estadounidense hacia los activos digitales y su nombre se vincula ahora a varias medidas favorables al sector.

Entre las citadas están el GENIUS Act, el apoyo al CLARITY Act y los planes vinculados a una Strategic Bitcoin Reserve.

En particular, el CLARITY Act y el mercado crypto apuntan a crear una estructura federal de mercado para los activos digitales. El objetivo señalado en el debate político es aclarar cuándo la supervisión debe corresponder a la SEC y cuándo, en cambio, a la Commodity Futures Trading Commission.

Para empresas como Ripple, este es el verdadero punto de inflexión. Una definición más clara de las competencias podría reducir la incertidumbre legal que durante años ha pesado sobre los tokens, los intercambios y los productos financieros basados en blockchain.

Por eso el impacto de Trump en las crypto se observa con atención incluso más allá de las alineaciones políticas. Si el Congreso se moviera hacia un marco más definido, la posición de la SEC sobre XRP podría perder parte de esa ambigüedad que ha dominado el caso hasta ahora.

Mientras tanto, Warren sigue cuestionando la expansión del sector crypto en las finanzas tradicionales. Recientemente ha pedido información a la Office of the Comptroller of the Currency sobre los national trust charters vinculados al sector crypto, incluido uno relacionado con Ripple. La senadora también apoya el Digital Asset Anti-Money Laundering Act, que impondría obligaciones más estrictas a algunas áreas del ecosistema, incluidos determinados wallet providers, mineros y validadores.

Por qué el resultado sigue siendo importante para Ripple y para XRP

XRP sigue en el centro del debate sobre la regulación de XRP por una razón sencilla: Ripple ha construido gran parte de su identidad en torno a los pagos transfronterizos y a los servicios blockchain para clientes institucionales. Cuando el token entra en una disputa con la SEC, no se mueve solo un único activo, sino todo un modelo industrial.

El veredicto de 2023 dio a Ripple una victoria parcial, pero no resolvió el cuadro general. Siguen abiertas las preguntas sobre quién debe vigilar los crypto assets en Estados Unidos, qué tokens entran en las normas sobre securities y cómo se deben tratar los mercados secundarios.

Aquí emerge el segundo “por qué importa”. Un marco más claro no afectaría solo a Ripple, sino a todo el mercado: las empresas crypto, los inversores y las plataformas tendrían reglas más comprensibles para operar en Estados Unidos en lugar de moverse bajo la amenaza constante de acciones de enforcement.

No es casualidad que Ripple siga posicionándose en el terreno de los pagos crypto regulados, de la actividad vinculada a las stablecoins y de los servicios blockchain para instituciones. La empresa sostiene que reglas más claras ayudarían a las compañías estadounidenses a construir productos en el mercado doméstico, en lugar de empujar la innovación y el capital lejos de Estados Unidos.

También el clima del sector parece haberse desplazado. Algunos directivos crypto ven la fase actual como más favorable respecto al enfoque anterior. Ripple, además, ha sido uno de los principales financiadores de Fairshake, el super PAC pro-crypto creado para apoyar a candidatos considerados más abiertos a una legislación sobre los activos digitales.

Sin embargo, queda un dato que el mercado conoce bien: las noticias políticas y regulatorias mejoran el sentimiento, pero no garantizan movimientos lineales de los precios. Bitcoin ya ha mostrado fuertes oscilaciones incluso después de desarrollos favorables, y XRP sigue moviéndose dentro de una dinámica más amplia que entrelaza política, derecho y condiciones generales del mercado.

Por eso las últimas novedades legales sobre Ripple siguen pesando tanto. La batalla no se refiere solo a un contencioso del pasado: está contribuyendo a escribir las reglas futuras con las que Estados Unidos decidirá tratar a XRP y, en general, a todo el mercado de los digital assets.

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