Anthropic, la empresa dirigida por Dario Amodei, ha firmado recientemente un acuerdo de 1,8 mil millones con Akamai Technologies para garantizar una mayor capacidad de cómputo destinada a sus modelos de IA, en particular a la plataforma Claude.
El acuerdo, válido por siete años, representa el contrato más grande jamás firmado en la historia de Akamai y llega en un momento en que la demanda de infraestructuras de IA está creciendo a ritmos cada vez más difíciles de sostener incluso para las grandes empresas tecnológicas.
Summary
El crecimiento de Claude impulsa a Anthropic a llegar a un acuerdo con Akamai para obtener más potencia de cómputo en el ámbito de la IA
Detrás de la operación mencionada anteriormente no está solo el crecimiento de Anthropic, sino un cambio más amplio de todo el mercado cloud.
De hecho, en los últimos meses el sector de la inteligencia artificial ha mostrado un problema estructural cada vez más evidente.
Es decir, que construir modelos de IA avanzados requiere cantidades enormes de potencia de cómputo, GPU especializadas e infraestructuras distribuidas capaces de soportar cargas continuas.
No por casualidad, durante la conferencia Code with Claude en San Francisco, Amodei declaró que Anthropic registraría un crecimiento del 80% del ingreso anualizado y en el uso de sus propios servicios en el primer trimestre de 2026.
Una parte significativa de esta expansión estaría vinculada al uso de Claude para actividades de programación, automatización y desarrollo de software asistido por inteligencia artificial.
Y este mismo crecimiento está obligando a las empresas de IA a buscar nuevas fuentes de capacidad de cómputo mucho más allá de los tradicionales hyperscaler.
Anthropic, de hecho, no se limita al acuerdo con Akamai: en los últimos meses también ha cerrado colaboraciones con Google Cloud, Amazon Web Services, CoreWeave e incluso con SpaceX de Elon Musk.
El mensaje que emerge es por tanto muy claro: la verdadera batalla de la inteligencia artificial ya no concierne solo a los modelos lingüísticos, sino al acceso a las infraestructuras que los hacen posibles.
Akamai cambia de identidad: de la entrega de internet a la infraestructura de IA
Por otra parte, también para Akamai el acuerdo con Anthropic representa mucho más que una simple asociación comercial.
Históricamente la empresa ha sido conocida sobre todo por los servicios de content delivery y ciberseguridad, pero la explosión de la inteligencia artificial está abriendo nuevas oportunidades estratégicas.
Gracias a su red global compuesta por más de 4.000 puntos de presencia distribuidos en más de 130 países, Akamai posee una infraestructura descentralizada que puede adaptarse bien a las necesidades de las cargas de IA modernas.
Y este es precisamente uno de los aspectos más interesantes de la operación. En los últimos años el mercado cloud ha estado dominado principalmente por unos pocos hyperscaler centralizados como AWS, Google Cloud y Microsoft Azure.
Sin embargo, la inteligencia artificial está aumentando enormemente la presión sobre los recursos disponibles y muchas empresas están buscando soluciones más distribuidas y flexibles.
En este contexto, Anthropic parece haber entendido que depender exclusivamente de los grandes proveedores tradicionales podría no ser suficiente a largo plazo.
No por casualidad, los inversores han reaccionado con entusiasmo a la noticia.
Tras el anuncio, las acciones de Akamai subieron alrededor de un 28%, una señal evidente de cuánto percibe el mercado la inteligencia artificial como una oportunidad de transformación radical para muchas empresas tecnológicas.
Según las estimaciones de los analistas, el contrato podría llegar a representar alrededor del 6% de la facturación anual de Akamai una vez plenamente operativo, con los primeros impactos económicos previstos para finales de 2026.
Esta evolución también muestra cómo el sector de la IA está rediseñando la cadena de valor tecnológica. No solo se están beneficiando las empresas que desarrollan modelos lingüísticos, sino también todos los operadores capaces de proporcionar infraestructuras, energía, centros de datos y conectividad.
Sin embargo, el problema es que esta “carrera” está volviéndose cada vez más costosa. Entrenar y mantener modelos de IA avanzados requiere inversiones multimillonarias continuas, lo que hace que el sector esté cada vez más concentrado en manos de pocas grandes empresas con acceso a capitales enormes.
El verdadero desafío de la IA es la infraestructura, no solo el software
El acuerdo entre Anthropic y Akamai cuenta una realidad que a menudo se subestima en el debate público sobre la inteligencia artificial: el límite principal de la IA moderna ya no es solo algorítmico, sino infraestructural.
En los últimos años el sector se ha concentrado sobre todo en la competencia entre chatbot, modelos lingüísticos y funcionalidades avanzadas.
Hoy, sin embargo, está surgiendo un segundo problema, menos visible pero quizá aún más importante: el de el acceso a la capacidad de cómputo. Las empresas de IA están consumiendo de hecho cantidades enormes de energía, GPU y ancho de banda de datos.
Cada nueva generación de modelos requiere recursos superiores respecto a la anterior, creando una espiral de inversiones que corre el riesgo de favorecer cada vez más solo a los grupos con mayor disponibilidad financiera.
Y Anthropic no es la única empresa que se encuentra en esta situación. También OpenAI, Google y Meta están invirtiendo miles de millones para asegurarse chips, centros de datos e infraestructuras cloud suficientes para sostener el crecimiento de la IA generativa.
Este escenario también abre interrogantes críticos sobre el futuro del sector. Si la inteligencia artificial depende cada vez más de inversiones infraestructurales gigantescas, el riesgo es que el mercado se vuelva progresivamente menos abierto y más centralizado.
Además, la presión sobre los recursos computacionales podría tener efectos también en los costes energéticos y en la sostenibilidad medioambiental.
La expansión de la IA requiere de hecho enormes cantidades de electricidad y sistemas de refrigeración avanzados, transformando los centros de datos en activos estratégicos cada vez más importantes.

